El nombre “Piguan” es una derivación de Erwin que ha ido evolucionando con el tiempo y las fiestas. Siempre pinto, hasta el día en que los muros de su casa se encontraron colapsados por los cuadros y debió salir a pintar en las calles, allí encontró un universo muy atractivo, ligándose de inmediato con otros graffiteros; desde ese momento no ha dejado nunca de expresarse en los formatos gigantes que le ofrecen los muros de la cuidad.
Siempre muy ligado a la música, integró en su juventud las bandas de punk hardcore, “Sin auspicio” e “Insurrección”, las experiencias adquiridas en las tocatas y la ideología revolucionaria que compartía con los demás integrantes de las bandas aún le marcan por el odio al fascismo y a la sumisión de los pueblos a sus dirigentes políticos.
En la obra de Guayasamín, descubierta en su adolescencia vio reflejado sus propios sentimientos frente a la injusticia, la desigualdad, el hambre, las penas, los sufrimientos en general….
Su trabajo sobre las deformaciones y amputaciones es una reacción al rechazo y al miedo estético que las imperfecciones provocan; él trata de restablecer una comunicación alegre y armónica frente a esas mutilaciones que también proyectan una sociedad distorsionada y algo mutante. Disfruta asimismo de la creación de universos propios, de lugares imaginarios que permiten al espectador tener una percepción diferente de la que usualmente tienen frente a los graffiteros.


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